Vivimos en un mundo que va rápido. Recibimos tanta información que nuestro cerebro necesita simplificar, categorizar… y ahí entran las etiquetas, ¿qué pasa cuando esas etiquetas se nos pegan y nos definen más de la cuenta? En este artículo reflexionamos sobre cómo los juicios de valor afectan a nuestra identidad, cómo detectar el sesgo confirmatorio y qué podemos hacer para liberarnos de esas pegatinas mentales que a veces cargamos durante años.
¿Qué son los juicios de valor?
Todxs lo hacemos, incluso sin darnos cuenta. Emitimos juicios de valor cuando definimos a alguien (o a nosotrxs mismxs) con una etiqueta fija: “soy un desastre”, “es un egoísta”, “tiene TOC”, “es bipolar”. Estas frases pueden parecer inofensivas, aunque en realidad funcionan como pegatinas que nos limitan y nos encasillan.
En consulta, me encuentro a menudo con personas que han cargado durante años con una etiqueta impuesta, a veces incluso sin haber recibido un diagnóstico adecuado. Despegar esas etiquetas lleva tiempo, trabajo terapéutico y, sobre todo, consciencia.
Sesgo confirmatorio: cuando solo vemos lo que encaja con la etiqueta
Una vez que colocamos una etiqueta, todo nuestro enfoque se dirige a confirmarla. Es lo que llamamos sesgo confirmatorio: si creo que soy torpe, cualquier error lo veré como una prueba más; si pienso que alguien es irresponsable, ignoraré todo lo que hace bien.
Este mecanismo mental puede parecer útil (ahorra energía cognitiva), aunque a nivel relacional es muy perjudicial. Nos perdemos la riqueza y complejidad de las personas. Incluso de nosotros mismos.
El peligro del lenguaje psicologizante
En los últimos años, la salud mental ha ganado protagonismo en redes sociales. Esto, en sí mismo, es positivo. Cuando términos clínicos como “narcisista”, “bipolar” o “TDAH” se banalizan o se usan para describir cualquier conducta cotidiana, corremos el riesgo de confundirnos más que de comprendernos.
Etiquetar en exceso, sin comprender el contexto o el sufrimiento real que implica un diagnóstico, no solo estigmatiza. También nos aleja de una mirada compasiva y realista sobre nosotros y los demás.
Entonces… ¿cómo podemos despegarnos de una etiqueta?
En el vídeo propongo dos ejercicios sencillos para empezar a liberarnos de las etiquetas que nos limitan:
1. Reescribe tu etiqueta
-
Paso 1: Identifica una etiqueta que repites mucho (“soy desorganizado”, “soy tímida”, “soy un desastre”).
-
Paso 2: Reformúlala de forma más amable y contextualizada:
“A veces me cuesta organizarme cuando tengo muchas tareas”,
“Me siento insegurx en situaciones nuevas, pero estoy aprendiendo a gestionarlo”.
Cambiar el lenguaje interno es el primer paso hacia una autoestima más sana y realista.
2. Autobservación + respiración
-
Respira profundamente y obsérvate: ¿cuándo aparece esa etiqueta? ¿Qué estás sintiendo?
-
Pregúntate: ¿realmente soy esto todo el tiempo? ¿En todas las áreas de mi vida?
-
Sustituye la frase limitante por otra más abierta: “Estoy aprendiendo a…”, “Hoy me siento…”, “Esta emoción es antigua, pero ahora puedo elegir cuidarme”.
¿Somos nuestras etiquetas?
Somos mucho más. Somos historia, contexto, emociones, relaciones, decisiones, aprendizajes. Y, sobre todo, somos un proceso en evolución.
Por eso, hablar con responsabilidad sobre salud mental, usar el lenguaje con cuidado y revisarnos internamente es un acto de autocuidado, aunque también de respeto hacia los demás.
¿Te gustaría trabajar sobre tu identidad y confianza?
En mis talleres online abordamos precisamente estas temáticas. Si quieres profundizar en tu autoestima y tener herramientas prácticas para cuidarte, te invito a conocer el Taller White: Confianza en unx mismx.
PD: Suscríbete al newsletter para recibir más contenido sobre psicología y profundizar en ti.
Para estar al día de todo mi contenido, sígueme en las redes:





