Hay algo que desconcierta mucho cuando hablamos de dependencia emocional.

Y es esto: saber que una relación no funciona… y aun así volver.

Una y otra vez.

No es falta de inteligencia.
No es debilidad.
Y tampoco es que “no lo veas”.

Lo ves. Pero hay algo más fuerte que te empuja a repetir.

Para entenderlo, necesitamos ver el ciclo completo.

El ciclo de la dependencia emocional

Cuando hablamos de este tipo de relaciones, no estamos hablando de algo lineal.

Estamos hablando de un ciclo. Un ciclo que se repite y que tiene varias fases muy claras. Voy a nombrarlas para que puedas identificarlas:

  • Idealización
  • Desgaste
  • Desvalorización
  • Descarte
  • Reenganche

Y lo importante no es solo entender cada fase, sino ver cómo se retroalimentan entre sí.

1. Idealización: “es la persona perfecta”

Al inicio todo encaja. Hay intensidad, conexión, admiración. Todo parece fácil, natural, incluso perfecto. Es esa sensación de “Nunca pensé que encontraría a alguien así”

Aquí ocurre algo importante, se activa el apego y también la ilusión. A nivel psicológico y biológico, esto tiene un impacto muy fuerte. La dopamina no solo aparece cuando conseguimos algo, sino especialmente cuando lo anticipamos. Es decir, cuando sentimos que estamos a punto de tener algo muy valioso. Y desde ahí, bajamos la guardia , es normal. Nos pasa a todos.

2. Desgaste: la confusión

Empiezan pequeños cambios. No son evidentes al principio, son críticas sutiles, ambigüedades, dobles mensajes. Un día hay cercanía y al siguiente distancia. Y aquí aparece la confusión: “No entiendo qué está pasando”. Y desde esa confusión, la persona empieza a esforzarse, a intentar recuperar lo que había al principio y aquí vuelve a activarse la ilusión y con ella otro “enganche”.

3. Desvalorización: el daño ya es evidente

En esta fase, el cambio ya no es sutil. Hay ataques más directos a la autoestima, desprecios, humillaciones, distorsión de la realidad. La persona empieza a preguntarse: “¿Qué estoy haciendo mal?”

Aparece la culpa, baja la autoestima y aumenta la ansiedad. Se intensifica la necesidad de aprobación.

4. Descarte: el abandono

Aquí aparece la ruptura pero no siempre de forma clara. Puede ser:

  • silencio
  • desapariciones
  • distancia emocional extrema

La persona se queda en shock.

Con una pregunta constante: “¿Por qué?”

Y este es uno de los puntos donde más se activa la dependencia porque aparece algo parecido a una abstinencia afectiva.

5. Reenganche: el ciclo vuelve a empezar

El agresor reaparece, a veces con gestos intensos, con disculpas ambiguas, sin explicar nada… Y entonces aparece el alivio: “Ya está aquí otra vez”

Aunque en el fondo, la persona sabe que no va a cambiar, auqnue esa intuición se desoye. ¿Por qué? Porque aceptar la realidad implicaría renunciar a la ilusión, y eso es muy difícil.

El verdadero problema: el ciclo

El problema no es solo lo que ocurre en cada fase, el problema es el ciclo. Cómo cada fase alimenta la siguiente, cómo la ilusión, la confusión, el dolor y el alivio se van alternando hasta generar un vínculo muy difícil de romper.

Para salir, hay que hacer algo muy difícil

Hay una frase que puede resultar incomoda aunque resume bien este proceso:

Hay que matar la ilusión para poder construir esperanza.

Y esto aunque no es sencillo, ES POSIBLE. Piensa que esa ilusión ha sostenido muchas cosas, pero también es lo que mantiene el ciclo.

Para la reflexión

¿En qué momento empezaste a justificar lo que antes no habrías aceptado?

¿Y qué parte de ti sigue esperando que esta vez sea diferente?

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