La crianza adoptiva necesita una mirada diferente. No porque todo vaya a ser necesariamente más difícil, ni porque todas las personas adoptadas vayan a vivir los mismos problemas, sino porque existe una historia anterior que no puede ignorarse.

Antes de llegar a una nueva familia ya ha podido haber una separación, una pérdida y distintas experiencias que forman parte de la identidad de la persona adoptada. Acompañar este proceso implica comprender esa historia, respetar los tiempos y aprender a mirar más allá de la conducta.

La crianza adoptiva no empieza el día en que unx niñx llega a una familia. Su historia ya había comenzado antes.

¿Qué diferencia la crianza adoptiva?

Una persona adoptada ha vivido, como mínimo, una separación. En algunos casos también pueden existir experiencias de abandono, institucionalización, falta de cuidados, estrés o malnutrición. Sin embargo, cada historia es diferente y no podemos establecer una relación exacta entre la edad de adopción y sus consecuencias.

Adoptar a unx bebé no significa que no haya existido una ruptura. Antes de llegar a la familia adoptiva, ese bebé ya ha conocido:

  • Unas voces.
  • Unos olores.
  • Unos ritmos.
  • Unas sensaciones.
  • Una forma concreta de estar en el mundo.

De repente, todo cambia. Por eso, la crianza adoptiva no puede construirse desde la idea de que la vida empieza el día de la adopción. La historia anterior también forma parte de la identidad.

El deseo de adoptar no siempre es suficiente

Desear adoptar es importante, pero no es lo único que se necesita. También hace falta comprender qué implica acompañar a una persona que puede haber vivido una separación temprana y que necesitará construir seguridad dentro de un nuevo vínculo.

La adopción requiere capacidades parentales concretas:

  • Flexibilidad.
  • Capacidad de reflexión.
  • Tolerancia a la frustración.
  • Disponibilidad emocional.
  • Capacidad para revisar la propia historia.
  • Respeto por los tiempos de la persona adoptada.

Ser una buena persona no garantiza disponer de todas las herramientas necesarias para afrontar una crianza adoptiva. Prepararse también significa preguntarse qué recursos tenemos y qué aspectos necesitamos trabajar.

La familia de origen también forma parte de la identidad

Uno de los aspectos más importantes de la crianza adoptiva es el lugar que ocupa la familia biológica. Puede existir una ausencia física, pero esa familia continúa presente en la historia interna de la persona adoptada.

Negarla, evitar las preguntas o vivirla como una amenaza puede dificultar la construcción de una identidad segura. No se trata de idealizarla ni de despreciarla. Se trata de reconocer que existe.

Hablar de los orígenes con naturalidad permite que la persona adoptada pueda preguntar, pensar y expresar lo que siente sin miedo a hacer daño a su familia adoptiva.

Preguntar por la familia de origen no significa querer menos a la familia adoptiva. Significa necesitar comprender quién soy y de dónde vengo.

Cuando una familia puede hablar de esa historia sin entrar en competencia, está permitiendo que todas las partes de la identidad puedan integrarse.

Antes de socializar, hay que sentirse únicx

A veces existe mucha prisa: prisa por escolarizar, por socializar, por recuperar aprendizajes o por conseguir que todo funcione como en cualquier otra familia. Sin embargo, la adaptación necesita tiempo.

Antes de abrirse al mundo, unx niñx necesita sentir:

  • Que tiene un lugar propio.
  • Que pertenece.
  • Que hay personas disponibles para cuidar.
  • Que no volverá a quedarse solx.

Primero necesita sentirse únicx. Después llegará la socialización. Esto no significa aislar ni impedir el contacto con otras personas, sino respetar los tiempos y priorizar la construcción de unos vínculos seguros.

Cuanto más sólida sea esa base, mejor podrá sostenerse todo lo demás.

El apego puede expresarse de formas diferentes

La separación y las experiencias tempranas pueden influir en la forma de vincularse. En el apego ansioso puede aparecer una gran dificultad para tolerar la separación. La persona necesita comprobar constantemente que su figura de referencia no va a desaparecer.

En estos casos puede ayudar introducir pequeñas diferencias y separaciones seguras:

  • “A ti te gusta este color y a mí otro”.
  • “Podemos pensar diferente y seguir estando unidxs”.
  • “Aunque me vaya un momento, voy a volver”.

Poco a poco, la persona puede construir un yo propio sin sentir que cualquier diferencia supone un abandono.

En el apego evitativo ocurre algo distinto. La persona ha aprendido que sus necesidades no son importantes o que pedir ayuda puede molestar. Entonces aparece una aparente autosuficiencia:

“Yo puedo solx con todo”.

Pero esa independencia no siempre indica seguridad. A veces es una forma de protección. En estos casos, acompañar también implica ofrecer ayuda, cuidado y cercanía, incluso cuando parece que no se necesitan.

En el apego desorganizado no existe un patrón estable. En algunos momentos puede haber una gran necesidad de proximidad y, en otros, una necesidad intensa de distancia.

La clave está en observar qué necesita la persona en cada momento. A veces habrá que acercarse, otras veces esperar y, en ocasiones, ir de la mano. Pero siempre acompañar.

Cuando la conducta es una forma de supervivencia

El trauma temprano también puede influir en la regulación emocional. Algunxs niñxs reaccionan con una intensidad muy elevada ante situaciones que desde fuera pueden parecer pequeñas.

Pueden aparecer:

  • Rabietas intensas.
  • Impulsividad.
  • Gritos.
  • Rabia.
  • Conductas desafiantes.
  • Dificultades para aceptar límites.

Esta es la parte que más se ve, la que molesta, la que interrumpe y la que suele recibir el castigo. Sin embargo, también existe otra forma de desregulación que pasa mucho más desapercibida.

Niñxs que:

  • No se quejan.
  • No lloran.
  • Obedecen siempre.
  • Intentan no molestar.
  • Parecen poder con todo.

Como no generan problemas, muchas veces no reciben la misma atención. Sin embargo, una respuesta no es necesariamente más saludable que la otra. Tanto la explosión como la desconexión pueden estar expresando falta de seguridad.

No debemos confundir obediencia con bienestar.

No siempre es que no quiera: a veces todavía no puede

Muchas familias interpretan determinadas conductas como una provocación:

  • “No quiere hacerme caso”.
  • “Lo hace para desafiarme”.
  • “Ya debería haberlo aprendido”.

Pero unx niñx que ha vivido trauma no siempre puede responder o aprender de la manera que esperamos. Esto no significa dejar de educar, permitir cualquier comportamiento o renunciar a los límites.

Significa comprender que algunos aprendizajes necesitan más tiempo, más repetición y más seguridad. Cuando la conducta se corrige sin comprender la historia que existe detrás, podemos reforzar una herida anterior:

  • “No me entienden”.
  • “No soy suficiente”.
  • “No me quieren como soy”.

La corrección sigue siendo necesaria, pero primero debe existir conexión.

Cuando una persona se siente segura puede aprender. Cuando se siente amenazada, vuelve a protegerse.

Dar seguridad antes de exigir cambios

Ante la desregulación emocional, una de las respuestas más importantes es ofrecer seguridad: seguridad en casa, en los vínculos y en la permanencia.

Que la persona pueda sentir:

  • “Estoy aquí”.
  • “No voy a desaparecer”.
  • “No tienes que hacerlo todo solx”.
  • “Podemos atravesar esto juntxs”.

No siempre hacen falta grandes estrategias. A veces la intervención empieza en algo mucho más sencillo:

  • Una presencia disponible.
  • Una rutina previsible.
  • Un tono de voz tranquilo.
  • Una respuesta que no dependa de que el comportamiento sea perfecto.

La seguridad no se explica solamente. Se vive y se repite.

La crianza también es colectiva

Una familia no cría sola. También acompañan:

  • Lxs abuelxs.
  • El profesorado.
  • Las personas cuidadoras.
  • Las amistades.
  • El entorno cercano.

En ocasiones, las familias pueden sentir miedo de que unx niñx quiera más a otra persona que participa en sus cuidados. Sin embargo, aprender a vincularse con personas seguras es un regalo.

No se trata de competir por el afecto, sino de ampliar la experiencia de que existen vínculos que cuidan, sostienen y permanecen. Una red segura puede ayudar a construir la confianza que quizá no pudo desarrollarse durante las primeras etapas de vida.

Adoptar también remueve la historia de quienes adoptan

Todo proceso de crianza remueve. Hace aparecer miedos, heridas, modelos familiares y experiencias que creíamos superadas. Por eso, la preparación para adoptar no puede limitarse a tener buenas intenciones.

También es necesario mirar hacia dentro:

  • ¿Qué ocurre cuando pierdo la paciencia?
  • ¿Qué relación tengo con el abandono?
  • ¿Cómo reacciono cuando alguien no responde como espero?
  • ¿Puedo diferenciar mi historia de la historia de mi hijx?
  • ¿Soy capaz de aceptar una realidad diferente a la que había imaginado?

Una persona que ha crecido con mucha rigidez puede repetirla sin darse cuenta. Alguien que se ha sentido abandonadx puede tener dificultades para gestionar el miedo al abandono de su hijx.

Hacer un trabajo personal permite reconocer:

“Esto es mío”.

Y evita colocar sobre la infancia adoptada conflictos que pertenecen a la historia de las personas adultas.

Paciencia, perseverancia y presencia

La crianza adoptiva no necesita perfección. Necesita personas capaces de permanecer, de sostener los límites sin retirar el afecto y de comprender que detrás de una conducta puede haber miedo, dolor o una forma antigua de protegerse.

También necesita recordar que unx niñx no siempre hace las cosas porque no quiera. A veces todavía no puede.

Por eso, hay tres palabras que resumen muy bien esta mirada:

  • Paciencia.
  • Perseverancia.
  • Presencia.

No se trata de tener todas las respuestas desde el principio, sino de estar disponibles para aprender, revisar la propia historia y acompañar de forma incondicional.

Mirar más allá de la conducta

La adopción no borra la historia anterior. La integra dentro de una nueva historia que debe construirse poco a poco, con seguridad, respeto y tiempo.

Acompañar no consiste únicamente en corregir conductas. También implica preguntarse qué necesidad puede haber detrás, qué miedo se está expresando y qué necesita esa persona para poder sentirse segura.

Mirar más allá de la conducta puede cambiar por completo la forma de acompañar.

Para la reflexión

Cuando miras una conducta difícil, ¿ves solamente algo que debe corregirse o puedes preguntarte también qué necesidad está intentando expresar?

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